TIERRAS
DE ALMAZÁN
Monumento
Nacional, San Miguel, del siglo XII, pone el primer signo
de admiración románica en Almazán. De sobria decoración exterior,
alberga una magnífica cúpula octogonal, única en la provincia,
que hace de estrella estilística en este templo de intensa
influencia mudéjar. De la misma época, San Vicente
-hoy aula de Cultura- continúa viaje por la expresión románica,
tímidamente apuntada en la factura tardía de Nuestra Señora
del Campanario. Cerca, el templo de Barca atesora junto a
elementos góticos un excelente pórtico, que sirve de antesala
a una interesante ruta por el románico rural: las iglesias
de Perdices, Nepas, Nolay, Escobosa, Soliedra, Viana de Duero,
Villasayas, Maján y Adradas conservan, en estado puro o modificado,
muestras del estilo por antonomasia de la provincia. La lista,
que podría continuar al otro lado de la comarca por La Revilla,
Monasterio, Izana o Los Llamosos, se nutre del perfil austero
y bello que dió apellido a esta tierra: es Soria la Románica.
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TIERRA
DE ÁGREDA
Compartida
por Aragón y Castilla, la piedra colosal que Hércules
colocara sobre la morada del dios Caco como castigo por haberle
robado los bueyes, observa los trigales de la meseta y la
depresión del Ebro. Techo de la provincia y de todo el Sistema
Ibérico, monte sagrado para los celtíberos, cuna mitológica
de los romanos, vigilante inmenso de la Soria Barbacana, el
Moncayo ofrece múltiples senderos en los que desentrañar
bellezas, mientras una sugestiva hidrografía ejecuta su baile
subterráneo. La montaña aragonesa propone varios puntos
de acceso; la soriana, un itinerario que parte desde Ágreda
hasta Vozmediano, en un camino de pino, roble, hayedo y frescuras
hasta el Pico de San Miguel, a 2.300 metros de altitud. La
cumbre desborda de sensaciones: a un lado, la tierra soriana
con Albarracín al fondo; al otro, el Ebro pinta riberas polícromas;
si el día está despejado, una cadena montañosa se alza
al final. Se llama Pirineos. ( ver
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TIERRAS
ALTAS
En
el cuaderno hay anotada una frase: Esta tierra es dura, dura
y hermosa como un mundo recién parido... Desnuda como
la sierra de la que habla, quisimos registrarla tal y como
nació en la piel descarnada y primitiva de las Tierras Altas.
Allí donde los dinosaurios dejaron sus huellas -quizá para
dar un testimonio más de un universo a medio hacer-, una impronta
de genésis recorre la columna vertebral y el vientre.
La de esta comarca no es la estética fácil de otras
geografías provinciales: es la pura epidermis de un espacio
para indagar en la entraña -de la tierra y de la propia-,
y mirar de frente la belleza intensa del norte sobrio. El
mundo de ocres y azules puros que, perdido el descaro polícromo
de otras geografías, gana melanconlías inciertas entre las
aulagas y la orografía abrupta. Y si al hablar de él
repetimos una y otra vez la palabra tierra, discúlpennos:
la sierra de Soria la pone una y otra vez en la boca, permanentemente
escrita en los caminos y los pueblos. ( ver
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TIERRA
DEL BURGO
Calatañazor
recibe con casas de mampostería, adobe y sabina. Un encestado
de barro abre sus balcones a las calles de soportal, mientras
por el empedrado se derrama un tiempo detenido. El Conjunto,
declarado Histórico-Artístico, conserva restos romanos en
el trazado de la calzada; pero la magia que asalta a bocajarro
por entre las chimeneas cónicas tiene el sabor del Medievo.
Intérnese despacio por su fascinación antigua: entre
a la iglesia románica con matices góticos, continúe hasta
la plaza y el rollo, desemboque en los restos del castillo.
Dicen que fue aquí, en este Valle de la Sangre que hoy se
llena de trigo, donde Almanzor perdió el tambor. Abandónese
a su leyenda entre memorias cristianas y musulmanas, compartála
con buitreras, riscos y tumbas antropomorfas, cuélese
en tascas, mesones, restaurantes y alojamientos, roce el pasado
en el museo etnográfico... Y un apunte cinematográfico: Orson
Welles rodó Campanadas a Medianoche en este escenario que
hoy es, atenta y espectacularmente, suyo. ( ver
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TIERRAS
DE BERLANGA
El
santuario de Casillas de Berlanga tiene un aspecto humilde,
casi desangelado en medio del paisaje sobrio. Diríase que
ha seguido a pie juntillas la tradición de la casa del moro,
un "por fuera nada y por dentro un tesoro" que define
a la perfección la ermita del X o principios del XI. Que su
aparente sencillez no engañe al viajero: está ante
uno de los ejemplares más importantes de la herencia mozárabe
en España. San Baudelio es una historia mágica, una
"Torre de Dios", el "edificio peregrino"
que atrapa como un vértigo. Puede que, como a Gerardo
Diego, su arquitectura de palmera le lleve el alma, enlazada
en los colores desgastados de su vientre semidesnudo: son
la impronta de pigmentos que una compleja técnica de
lienzos absorbiera en 1926 para llevárselos a Norteamérica.
Repartidos por el Metropolitan de Nueva York y El Prado, los
frescos mozárabes y románicos cuentan la historia de una evasión,
que no pudo borrar todos los rastros. ( ver
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TIERRAS DE
MEDINACELI
Ese
día -uno de tantos que quisimos empaparnos de una de las villas
más hermosas de la provincia- acabamos empapándonos también
de lluvia. Era una de esas tormentas de verano que de pronto
bañan la tierra y la impregnan de un penetrante olor
a humedad que no se paga con nada. Fue un aguacero pequeño
e intenso, de los que lavan el mundo y dejan la sensación
de que todo está aún por hacer... Todo menos la belleza limpia
de las calles medinenses, por un rato vacías y húmedas como
un bautizo de nube. Ella, la villa que sabe ejercer seducciones
a todo el que la mira, recibió como siempre: cálida, magnífica,
como un escenario que bien podría haber sido el de una estampa
intacta de cualquier reclamo turístico. Claro que Medinaceli
traspasa todo eso para hacerse tangible -realidad visual que
se toca y se pasea-, bien conservada, ciudad del cielo a la
que cantara Gerardo Diego para decirle requiebros en verso
y llamarla diamantina, inviolable, abre tus alas plegadas
/ que tienes ancha la puerta... ( ver
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LA
RIBERA DEL DUERO
Levantada
por albañiles árabes que fueron adaptándose a la forma
de la meseta, Gormaz se ancla desafíante en medio de las piezas
de labor. Está hecho de viento y memoria: un castillo varado
en el llano para dominar la frontera natural que siempre fue
el Duero. Desde el siglo X, la fortaleza musulmana más extensa
de Europa asoma su silueta imponente: un kilómetro de perímetro
y 370 metros de longitud sobre una altiplanicie que diríase
hecha para sostenerla. Su vientre de piedra ejerce una fascinación
antigua.
La
más importante construcción castrense musulmana teje un mapa
de nombres, fechas y batallas por las que deambula Galib,
Garci Fernández o el Cid Campeador. Abajo, el agua pinta de
álamos la tierra. Arriba está el aljibe, la bella Puerta Califal,
las torres del Homenaje y de Almanzor, el alcázar, las saeteras,
las 28 torres... Abajo la vega y las emociones, la sierra,
el horizonte, los ojos llenos. ( ver
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LA
SORIA VERDE I
En
el corazón de Urbión, Machado canta la leyenda de un parricidio
y Gerardo Diego le sigue los pasos y los versos, mientras
una laguna se sumerge en el vértigo de la leyenda.
En ella, de la que las fantasías cuentan que se prolonga hasta
el mar por tortuosos brazos de supersticiones, el padre Alvargonzález
duerme las rimas de su asesinato. Anilladas por los farallones,
las sombreadas aguas de la Laguna Negra -que contradicen a
la leyenda con una realidad poco profunda- responden al crucigrama
de su nombre. Para llegar hasta allí, bastará tomar la carretera
de Vinuesa a Montenegro, donde un cartel indica la ascensión.
Un par de kilómetros antes del circo glaciar, el aparcamiento
anuncia un sencillo paseo (en verano y Semana Santa existe
autobús) hasta el epicentro de las Tierras de Alvargonzález.
El recorrido a pie puede hacerse por una variante del Sendero
Ibérico Soriano (GR 86). ( ver
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LA
SORIA VERDE II
La
herencia arquitectónica encuentra en la comarca un escaparate
dilatado, en el que detener los ojos por la memoria y los
pueblos. Localidades como Navaleno, Casarejos, Talveila o
Herrera amén de un despoblado como Arganza- saltan
al paso en medio del paisaje, entretejiendo su fisonomía de
materiales mixtos por calles y plazas. Las casas pinariegas
empiezan en piedra, suben en mampostería y continúan en adobe,
tapial o ladrillo, con vigas de madera que entrecruzan bellezas.
Y sobre todo ello, el elemento más característico de una zona
que comparte desde antiguo amores a la lumbre: la chimenea
cónica se alza sobre los aleros y las balconadas de madera,
en una sucesión de tejados que concentra en Talveila, Casarejos
y Vadillo algunos de los mejores ejemplares de este hogar
grande y redondo, dueño absoluto del techo de las cocinas
pinariegas, cuyo antepasado más directo pudo ser la cabaña
celta. ( ver
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E
L VALLE
Dicen
de El Valle que es una tierra viva que cambia con cada estación.
Cuentan que es fresco y verde como un paisaje irlandés,
que en sus dehesas los robles ensanchan junto a los pueblos
blancos, que Nostradamus puso sus coordenadas a trabajar para
salvar dos espacios y que uno de ellos vino a coincidir con
esta tierra solícita a la que no le faltan los amantes. Dicen,
hablan... y aún podrían explicar mucho más si las sílabas
tuvieran precisión de tonos y humedades, luces suaves, un
óvalo entre la Cebollera y la Carcaña donde la aridez
es una palabra ajena. No estamos en la Castilla polvorienta,
sino en el vientre fértil que esta provincia sabe abrir
entre tiernas comarcales de vegetación apretada y monte lleno.
Una foto en un bar cuenta que, a veces, los ciervos bajan
a beber a las fuentes de los pueblos. Fuera, el color se abandona
a la seducción sin disimulo. La vida se hace generosa. El
riesgo: convertirse en adicto de la comarca hermosa, que la
derrocha a manos llenas. ( ver
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SORIA,
LA CAPITAL
En
Soria, donde el olmo es viejo y el rayo de luna, confluyeron
las consonantes, se le llenaron los cielos de golondrinas
y vocales cárdenas, las calles adquirieron métrica
de meca literaria: es la Ciudad de los Poetas, la virgen de
todo roce, la Soria Sucedida, precisa y exacta que muchos
no sabrán cantar, pero consigo llevan... Mas hubo quien lo
hizo y supo: plumas que repartieron sílabas y le otorgaron
el título de La Bien Cantada. A la boca de la literatura se
viene sin remedio una terna de lujo, papel y tinta: Machado,
Gerardo Diego y Bécquer subieron a Soria a soñar
y hallaron en ella el paisaje íntimo para vivir en cuerpo
y letra. Su mano será la perfecta excusa para recorrerla:
rincones e itinerarios bajo su auspicio, que servirán para
hacer arte, cultura e historia, y también -eso también-
para tomar vino, pincho y comida entre lectura y visita. (
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